Saturday, July 02, 2005

"Me largo"

Seis de la mañana... y la hechicera no había pegado un ojo en toda la noche, mucho menos planificado que es lo que haría para la primera clase. Se hallaba sentada enfrente del escritorio de su habitación (bajo la cama, escondía un pentagrama a medio borrar) un libro abierto frente sí, "Ancient witchcraft and summoning", varias hojas de croquis y de notas regadas alrededor y jugueteando con el lápiz en la mano.

Seis y 5 de la mañana. Odioso reloj con su tic-tac eterno, punzándo la conciencia de los que no tienen paz, haciendo pedazos la ya pisoteada paciencia. Todo el silencio quebrado por una simple manecilla. Tic tac, tic tac... Dejó en lápiz en la mesa, cerró el cuaderno y tarereo.

If you knew this you would see, this is the truth

Han pasado apenas 2 minutos. La hechicera tomó el reloj, maquiavélica construcción de su desesperación, le quitó las pilas y las dejó a un lado. Necesitaba una respuesta, algún indicio siquiera. ¿Será esto obra de Keitaro y los vejestorios del Consejo? O, peor aún, ¿será esto obra de algún otro ente? Hacía tanto que aquí no pasaba nada...

Seis y 13 de la mañana. Una figura camina por los vacíos pasillos del instituto Furukawa, faltan aún una hora y 47 minutos para el regreso de los estudiantes, por lo que sus pasos resuenan en los vacíos pasillos.

Keitaro Furukawa se hallaba ya en su oficinia (al parecer, había sido una noche de insomnio para muchos), sentado y claramente cansado. Terminaba de acomodarse los lentes cuando oyó pasos que se acercaban a su oficina, cada vez más fuerte hasta que dejaron de sonar un segundo. Suspiró, con sólo sentir su presencia sabía de quién se trataba.

- Señorita Nigthwolf, parece que se toma en serio eso de "Al que madruga, Dios lo ayuda" -dijo sonriendo mientras veía asomarse la figura de su maestra de Invocación a medida que se abría la puerta.
- Pues, al parecer, no soy la única -respondió Aria con una sonrisa irónica, avanzando y colocándose frente al escritorio y apoyando sus manos en él. El escritorio estaba ordenado, exceptuando por unos lápices y papeles varios sobre él. Una plaquilla de vidrio ponía Headmaster Keitaro Furukawa. Extrañamente no había portarretratos.
- No creo que hayas venido a traerme ningún estudiante revoltoso... todavía ni siquiera entran a clases.
- No negaré que se trata sobre un estudiante "revoltoso".
- ¿Te refieres a Elliot? Está contenido en una prisión de luz, sano y salvo -sonrió dulcemente, pero la respuesta de la hechicera fue una mirada amarga.
- Creo que aquí nadie entiende que, sea lo que sea, eso no puede ser Phyrous. Encuentro gravemente irresponsable de tu parte el tener contenido a un demonio en las mismas instalaciones del instituto. Atentas contra la seguridad de tus estudiantes, Keitaro.
- Aria, Aria... ya estoy viejo para regaños ^^' En las condiciones actuales en que se encuentra Elliot no podría dañar ni a un preescolar, su exceso de energía está siendo absorbido por los sellos.
- ¿Ni siquiera te preocupa que no esté donde debería, ni donde permanecio su cuerpo durante estos años que está igual que la última vez que lo vimos, ni quién lo sacó de donde estaba?
- Estoy investigándolo...-Keitaro se notaba cansado, extrañamente viejo, como si de pronto los años comenzaran a pesarle. Aria lo miró con preocupación un segundo, pero luego pensó que tal vez era una artimaña suya para ablandarla y que dejara de hacer preguntas.
- Bien, pues mientras encuentras algo puedes aprovechar de irte buscando una nueva maestra de invocaciones.
- Sí, sí... ¿¡Ah?! -a Furukawa le tomó un segundo procesar en su mente las palabras recién pronunciadas por la hechicera. En estos tiempo en que se sentía debilitado lo que menos necesitaba era perder gente- Aria, recónsideralo un poco, por favor.
- Lo siento, pero no pienso verme involucrada en un escándalo como sería una matanza de estudiantes.
- ¿Dónde irás?
- He oído de otras escuelas de magia en Francia, España y Alemania. Si no... bueno, de alguna forma sabré sobrevivir -Keitaro sabía perfectamente que significaba eso, a pesar del tiempo pasado en Furukawa, Aria no se atendría a lo permitido por el Consejo si se trataba de ganarse la vida.
- Aria, piénsalo, por favor...

Sus últimas dos palabras se las llevó el viento pues la hechicera, y la que era su maestra de Invocación hasta hace cinco minutos, ya se hallaba fuera de la oficina y cerrando la puerta tras de sí. Sobre su escritorio había dejado su carta de despedida, el que Keitaro abrió con cuidado y desplegó. En el papel había solo dos palabras escritas que lograron sacarle una sonrisa.

"Me largo."

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